¿Qué hará Elizabeth Warren?

Estamos ante la lucha de nuestras vidas. La lucha para construir una América que funcione para todos, no solo los ricos y los que están bien conectados. No será fácil. Pero unidos por nuestros valores, podemos hacer cambios estructurales grandes. Podemos levantar nuestras voces hasta que la lucha sea ganada.

Acabar con la Corrupción en Washington

Washington funciona muy bien para los ricos y los que están bien conectados, pero no funciona para nadie más. Las compañías y los individuos ricos gastan miles de millones de dólares cada año para influenciar el Congreso y las agencias federales para poner sus intereses delante del interés público. Esto es intencional, y debemos llamarlo lo que es–la corrupción, simple y sencillo. Por eso, Elizabeth ha propuesto las reformas contra la corrupción más ambiciosas desde Watergate para cambiar radicalmente la manera en que Washington funciona.

Vamos a empezar con la eliminación del cabildeo como lo conocemos. Vamos a cerrar las lagunas legislativas así que todos los que cabildean deben registrarse para revelar sus acciones; vamos a prohibir los gobiernos extranjeros a contratar los cabilderos en Washington, y vamos a desmantelar la capacidad de los cabilderos de moverse con soltura dentro y fuera del gobierno.

También vamos a cerrar la puerta giratoria entre Wall Street y Washington para prohibir permanentemente a los Senadores y Congresistas de negociar mientras que están en funciones y también de convertirse en cabilderos cuando se retiran – no solo por uno o dos años, pero por vida. Vamos a exigir que los magistrados del Tribunal Supremo sigan un código de ética y también vamos a fortalecer el código de conducta para todos los jueces para asegurar que cada persona recibe un trato justo en nuestras cortes. Además, vamos a obligar a cada candidato a poner sus declaraciones de impuestos en el internet.

Todos juntos, estos cambios extensos pondrán fin a la dominación de dinero en Washington, y quitará el poder de los ricos y los poderosos para devolverlo a donde pertenece — con el pueblo americano mismo.

Reconstruir la Clase Media

Durante décadas, los salarios han sido estacionarios mientras que los gastos familiares han aumentado extremamente, así que millones de familias casi no pueden respirar. Por generaciones, las personas de color han sido excluidas a las oportunidades de crear riqueza. Es hora de hacer grandes cambios estructurales para devolver el poder económico a las manos del pueblo Americano.

Esto significa devolver el poder en las manos de los trabajadores y los sindicatos. También significa que necesitamos transformar las grandes compañías estadounidenses al permitir que sus trabajadores puedan elegir por lo menos el 40% de los miembros de la junta de directores, para que así puedan tener una voz poderosa en las decisiones sobre los sueldos y la subcontratación. Esto significa una nueva época de ejecución fuerte de las leyes antitrust para que los gigantes de las corporaciones no puedan ahogar la competencia, reducir los sueldos, y aumentar los costos de todo, desde la carne hasta el acceso al internet.

Somos la nación más rica en la historia del mundo, y podemos hacer inversiones que crean oportunidades económicas, y que abordan la negligencia rural y un legado de la discriminación racial — si paramos de repartir regalos de impuestos a los ricos y grandes corporaciones y si empezamos a pedir a las personas que han aprovechado lo más de nuestro país de pagar su parte justa.

Esto incluye un impuesto de los ultra-millonarios sobre las 75,000 familias más ricas que producen billones que pueden ser utilizados para construir una economía que funciona para todos, incluyendo el subsidio universal para el cuidado de los niños, el alivio de la deuda estudiantil, la vivienda asequible, el Nuevo Pacto Verde, y seguro médico para todos. Además, podemos hacer una inversión histórica en el alojamiento que reduciría los costos del alquiler por 10% a través de los Estados Unidos y crearía 1.5 millones de trabajos.

Fortalecer nuestra Democracia

Nuestra democracia enfrenta amenazas graves dentro y fuera del país. Su refuerzo necesitará cambios drásticos. Esto comienza con una reforma constitucional para proteger el derecho al voto de cada estadounidense y asegurar que su voto cuente. Pero eso solo es el inicio.

Los políticos deben competir sobre cuántos votantes pueden convencer, no sobre cuántos ciudadanos pueden descalificar y desmoralizar. Debemos eliminar las reglas innecesarias e injustificables que complican la votación, y también anular cada ley que suprime el voto que los políticos racistas usan para robarse los votos de las personas de color. Tenemos que anular la manipulación partidista de los distritos electorales hecho por los Demócratas y los Republicanos.

Nuestra democracia no está en venta, y necesitamos terminar con la influencia del dinero en nuestras elecciones. Esto significa que debemos anular Citizens United. También significa que debemos acabar con las reglas no escritas que requieren a los candidatos de servir los intereses de los donantes ricos y los que están bien conectados en Washington. No más donaciones de cabilderos federales. No más donaciones de los comités de acción política corporativos. Y no más súper comités de acción política.

Cuando los gobiernos extranjeros siembran la división, atacan nuestra democracia, e interfieren en nuestras elecciones, tenemos que contraatacar y hacer que sean responsables. Y para impedir ataques en el futuro, tenemos que rechazar los esfuerzos de los que tienen el poder para militarizar el odio y la intolerancia para dividirnos. Tanto si sea negro, blanco, o moreno, todos queremos una democracia en que cada estadounidense puede participar — y todos estamos en esta lucha para construir una América que funcione para todos.

La Justicia Igual ante la Ley

Hay cuatro palabras grabadas encima del Tribunal Supremo: la Justicia Igual ante la Ley. Eso es lo que debe ser la promesa de nuestro sistema de justicia. Pero hoy en los Estados Unidos, hay un sistema de justicia para los ricos y los poderosos, y otro para todos los demás.

No es justicia igual cuando un joven con una onza de marihuana puede irse a la cárcel mientras que un banquero ejecutivo que lava dinero para los carteles del narcotráfico recibe compensación. No es justicia igual, cuando por los mismos crímenes, es más probable que un afroamericano sea arrestado, acusado, condenado, y sentenciado que un blanco.

Necesitamos la reforma de la justicia penal y lo necesitamos ahora mismo. Esto significa que debemos acabar con las disparidades raciales en nuestra sistema de justicia. Esto significa la prohibición de las cárceles privadas. Esto significa que debemos aceptar la vigilancia comunitaria y la desmilitarización de nuestras fuerzas de policía locales. Esto significa una reforma completa de sentencias y una refundición de nuestras leyes para despenalizar la marihuana.

La justicia igual también requiere que todos – sin importar si son ricos o están bien conectados – se hagan responsables cuando infringen la ley. Esto significa nuevas leyes y un compromiso a la acusación de las grandes corporaciones – y sus jefes – cuando engañan a sus clientes, reprimen sus competidores, o roban a sus trabajadores. Esto significa que necesitamos jueces nominados que siguen las reglas en vez de complacer los ricos y los que están bien conectados.

No será fácil. Pero vamos a hacer cambios estructurales para cumplir la promesa de nuestra sistema de justicia. Nuestra democracia lo demanda.

Una Política Exterior para Todos

Considerando que las guerras interminables sobrecargan las familias militares y la política comercial aplasta la clase media, es claro que la política exterior hoy en día sirve los ricos y los bien conectados a expensas de los demás.

Por demasiado tiempo, les ha tocado a los trabajadores la peor parte de nuestra política económica. Necesitamos fortalecer nuestras normas laborales — y luego luchar para ejecutarlos. Por eso, Elizabeth se opone al nuevo “NAFTA 2.0” propuesto por Trump a menos que produzca un acuerdo mejor para las familias de trabajadores estadounidenses. Es hora de parar de priorizar los beneficios empresariales sobre los salarios estadounidenses.

Una fuerza armada debe actuar como un freno así que por la mayoría del tiempo, no necesitamos usarla. Debemos continuar a ser vigilantes ante la amenaza del terrorismo, pero es hora de devolver nuestros soldados a casa – y asegurar que reciben el apoyo y los beneficios que han ganado.

También debemos aprovechar de todas las herramientas de nuestro poder nacional, no sólo nuestro poder militar. Esto significa reducir nuestro presupuesto de defensa inflado y poner fin al control absoluto de los contratistas de defensa sobre nuestra política militar. Esto significa reinvertir en la diplomacia y apoyar a nuestros aliados para promover nuestros intereses comunes. Esto significa que necesitamos nuevas soluciones a nuevos desafíos mundiales, desde la seguridad cibernética hasta la amenaza existencial que plantea el cambio climático.

Nuestra fuerza en el extranjero es generada aquí dentro del país. La política que impacta las familias trabajadoras en nuestro país también erosiona nuestra fuerza en el mundo entero. Es hora de una política exterior que funcione para todos los estadounidenses, no solo los ricos.