Empoderar a los trabajadores mediante el capitalismo responsable

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Los accionistas ricos de corporaciones gigantes han acaparado miles de millones en ganancias. Añade tu nombre si estás de acuerdo: las corporaciones gigantes deben enfocarse más en los intereses de sus trabajadores, no solo en los de sus accionistas ricos.

Este plan fue publicado originalmente como parte de la campaña presidencial de la senadora Elizabeth Warren.

Las corporaciones estadounidenses solían tomar en cuenta los intereses de cada parte involucrada—incluyendo a sus empleados, sus clientes, sus socios y sus accionistas. Pero en la década de los 80, decidieron que su único propósito era "maximizar el valor para los accionistas."

Este cambio ha sido la causa de muchos de los problemas económicos de los Estados Unidos. A principios de la década de los 80, menos de la mitad de las ganancias de las compañías más grandes de los Estados Unidos iban a manos de sus accionistas. Ahora, reciben el 93% de las ganancias. Son miles de millones de dólares que podrían haber ido a los trabajadores o a las inversiones de largo plazo en lugar de pasar a manos de los accionistas.

Los resultados han sido predecibles. En décadas recientes, la productividad de los trabajadores ha aumentado de manera constante, pero los salarios del trabajador promedio apenas se han movido. El porcentaje del ingreso nacional que se destina a los trabajadores ha disminuido. Las grandes empresas estadounidenses han invertido poco en sus trabajadores, abriendo las puertas a competidores extranjeros.

Y como el 84% de las acciones estadounidenses son propiedad del 10% de las familias más adineradas—mientras que más del 50% de los hogares estadounidenses no poseen ningún tipo de acciones—el compromiso corporativo de los Estados Unidos de "maximizar el retorno de los accionistas" es una estrategia para hacer a los estadounidenses más adinerados aún más ricos a toda costa.

Añade tu nombre si estás de acuerdo

Las corporaciones gigantes deben enfocarse más en los intereses de sus trabajadores, no solo en los de sus accionistas ricos.

Elizabeth tiene un plan para empoderar a los trabajadores y transformar el sistema corporativo de este país. Esto producirá un crecimiento amplio que le brindará a trabajadores los salarios que se merecen. Su plan de capitalismo responsable:

  • Requiere que corporaciones estadounidenses grandes obtengan un estatuto de “corporación de los Estados Unidos”, que obligará  a directores de compañías a considerar los intereses de todas las partes interesadas, no sólo los de los accionistas. El requisito se aplicaría a cualquier corporación estadounidense con más de mil millones en ingresos anuales. Se basa en el exitoso modelo corporativo de beneficios públicos que se ha adoptado en 33 estados y el Distrito de Columbia al igual que en  compañías como Patagonia, Danone North America y Kickstarter.

  • Empodera a los trabajadores de las grandes corporaciones estadounidenses a elegir al menos 40% de los miembros de la junta directiva de la compañía. El plan de Elizabeth, tomando en cuenta el modelo exitoso en Alemania y otros países, le da a los trabajadores una voz en todas las decisiones corporativas, incluyendo las relacionadas con la contratación externa, los salarios e inversión.

  • Elimina los malos incentivos financieros al restringir la venta de acciones de la compañía a directores y altos ejecutivos de grandes corporaciones. Los principales ejecutivos corporativos ahora son compensados ​​principalmente por el capital de la compañía, lo que les brinda enormes incentivos financieros para centrarse exclusivamente en los rendimientos de los accionistas. Para asegurar que se enfoquen en los intereses a largo plazo de todas las partes interesadas, el proyecto de ley prohíbe a los directores y funcionarios de las grandes compañías estadounidenses vender acciones dentro de los cinco años posteriores a su recepción o dentro de los tres años posteriores a la recompra de acciones de la compañía.

  • Garantiza que el gasto político corporativo refleje los intereses de los trabajadores: Las grandes corporaciones estadounidenses deben recibir la aprobación de al menos el 75% de sus accionistas y el 75% de sus directores antes de participar en cualquier gasto político, asegurando que los trabajadores y sus representantes tengan la capacidad de detener cualquier gasto que no les parece adecuado.